martes, 30 de septiembre de 2014

2015: Transición Ordenada

El discurso de Máximo deslizó una frase que expresa con mucha claridad el dilema que atraviesa la lucha política argentina y la carrera al sillón de Rivadavia en el 2015: “Los números tienen que cerrar con la gente adentro”. Es decir, estamos en un momento donde la torta ya no da para todos, y los números no vienen cerrando. El debate entonces de cara al 2015 gira entorno a ese problema.
No se debate, por cierto, la estructura del modelo económico, sino cual es la distribución del ingreso adecuada para la próxima etapa; y con ello el rol que ocupa el Estado en la economía. Planteado en otros términos: Desarrollismo Progresista o Desarrollismo Conservador.
Frente a esto los conservadores plantearon la necesidad de unificar el programa de gobierno, universalizarlo, dejar de foguear un candidato en particular, y abrazar a todos los sectores políticos que estén dispuestos a hacer lo que hay que hacer. Asegurar la victoria ideológica, que antecede, en parte, a la victoria política. 

El acuerdo que pretende alcanzar el establischment en materia económica es limitar el poder de Estado en la economía, congelar la política social y volver al crédito internacional. Dicho de esta forma, el pueblo argentino no parece estar dispuesto a ir detrás de semejante aventura. Por eso la estrategia conservadora trabaja en una dirección bien precisa para construir una nueva mayoría electoral: reducir el rol de la política, vulgarizarla; repitiendo hasta el hartazgo los problemas económicos-individuales (seguridad, inflación, trabajo) sin esbozar siquiera algún tipo de solución real.
Sin embargo, el hecho de abandonar el plano de los argumentos, puede tener algún tipo de efectividad en lo inmediato, pero expresa la incapacidad para hegemonizar al conjunto de los sectores sociales en el mediano y largo plazo, abriendo una crisis de representatividad. Ya que las expectativas de una parte importante de nuestro pueblo está vinculada a la ampliación de derechos vividos luego del 2001-2003.
De hecho, cuando la sociedad argentina volvía a discutir política en el marco de la confrontación con los fondos buitres; los conservadores no fueron capaces de estructurar una propuesta de Estado por lo menos discutible. La respuesta más cómoda, fue recuperar la iniciativa con un actor de bajo rango, abanderando un tema tan sensible como la inseguridad.

El desgaste, entre la racionalidad de los negocios y la ideología neoliberal
Mientras tanto, los tiempos para reorientar la política cambiaria, no siempre son los mismos que los tiempos electorales. Aumentar los márgenes de ganancia sigue siendo la orientación principal del empresariado argentino.
La vocación de forzar una nueva corrida cambiaria (con el dólar blue en $15), se enmarca en parte, con la enorme cantidad de soja acopiada en los silobolsas (existiendo un remanente sin vender que representa en ingresos de divisas cerca de 10 mil millones de dólares).
Ahora bien, la especulación de estos sectores se enfrenta a un dilema: la caída objetiva del precio internacional. Entonces, la pregunta de hasta donde llevar la disputa, cruza una raya demasiado fina: negocios racionales o especulación económica (y política).
Por un lado, el Estado Argentino, necesita los dolares para que el círculo funcione, se hace así de un colchón para afrontar los múltiples desafíos que implica una economía con dificultades. Por otro, los agro-exportadores especulan con esta idea, pero tienen que definir hasta donde están dispuestos a llevar la pelea de forzar una nueva devaluación que compense la caída del precio internacional. Por lo pronto, desde mayo hasta acá, ya se perdieron más de 2 mil millones de dolares.
Si el Gobierno pierde la pulseada, afecta directamente a los sectores vinculados al mercado interno, y a los sectores populares en general. Si logra que liquiden, construye mayor previsibilidad y estabilidad económica, que no es poco de cara al último tramo.

Se abre un vacío desde la Rosada
Los sectores democráticos del Kirchnerismo, tiene el doble problema de no poder avanzar con la re-elección de Cristina, a lo que se suma la falta de tiempo para instalar un candidato que exprese continuidad en la dirección del Estado.
En términos generales, la fuerza política que lidera la Presidenta demostró que sigue siendo el único actor político que es capaz de sostener y promulgar una legislación de clara orientación democrática. Las peleas con los fondos buitres y las leyes de abastecimiento y consumo, van en ese sentido. Quedó a claras, que una parte importante de la manija, la sigue teniendo Cristina.
Sin embargo, el camino elegido hasta ahora, es construir una transición ordenada. Afrontar el desafío de cambiar el curso de los acontencimientos implica abrir una disputa bastante peligrosa, que no está en los cálculos de nadie, ni en la cabeza de las fuerzas de gobierno, ni mucho menos, en la cabeza de los sectores populares.
El problema es que reconstruir una nueva alianza social, donde se afecten los intereses de sectores económicos que empujan la desestabilización, se recuperen sectores sociales del campo del pueblo, y se abra una disputa por cual es la fracción dirigente de esa nueva Unidad Nacional; no es un tema inmediato.
La realidad nacional retrocedió varios escalones, en términos de la posibilidad concreta que se abrió en esta última década y en particular después del 2008, para consolidar un Estado Popular y profundizar la democracia.
Por eso, el dato de mayor centralidad, no es la posible candidatura de Máximo; sino el vacío político que se abre en la sociedad argentina, cuando Cristina Kirchner deje de conducir los destinos del país.
Desde el 2003, en adelante, la iniciativa política democrática estuvo concentrada en la dirección del Estado. A partir del 2015, va haber una clara crisis en la conducción democrática, en tanto esta tarea está hoy centralizada casi de forma exclusiva en la figura de la Presidenta.
En este sentido, hoy ya estamos viendo los prólogos que anticipan el nuevo escenario.
El desafío general de la etapa que se abre, visto desde una perspectiva de mediano plazo, está ligado al problema de una oposición política democrática con proyección de ser Gobierno, en el mediano plazo.